Free Web Hosting Provider - Web Hosting - E-commerce - High Speed Internet - Free Web Page
Search the Web

"El Hombre, en su orgullo, creó a Dios a su imagen y semejanza"

Nietzche

Tal como íbamos a ser...
Este álbum de recuerdos recupera ilustraciones del último cambio de siglo. En el se vierten ideas geniales sobre el futuro que, según nuestros bisabuelos, se nos avecinaba.

Algo estaba a punto de pasar.

Por primera vez en la historia de la humanidad la unión entre ciencia, técnica e industria empezaba a dar sus frutos.

La palabra progreso ilusionaba a la gente de la calle: se hablaba de máquinas inteligentes, de robots, de barcos submarinos y de nuevos medios de comunicación ultrarápida con la emoción de quien sabe que está a punto de asistir a una auténtica revolución.

En aquellos últimos años del siglo XIX, lo verdaderamente humanista, progresista y chic era creer en el progreso de la tecnología. Los agoreros de los fracasos de la técnica, los temerosos del poder de la ciencia, los equivalentes a los que hoy alarman a propios y extraños sobre los desastres de la genética o del desarrollo industrial eran entonces tratados como reaccionarios y descolocados.

El entusiasmo de aquellos primitivos amantes de la divulgación se veía satisfecho con un hallazgo tras otro: los rayos X, la taladradora eléctrica manual, el cine, la hormigonera, el motor diesel, el radio, el metropolitano... Todo ello, en una franja de apenas 5 años.

Por eso no es extraño que los seguidores de la ciencia dejaran correr la inventiva hasta los extremos que nos muestra este álbum.

Tan entusiasmados estaban, que imaginaron cambios así de ingenuos para su amado progreso.

Todo resultaría mucho más fácil en el siglo XX

Una de las peticiones que los ciudadanos de la época le hacían a la ciencia era la comodidad.

La vida del futuro iba a ser, sobe todo, mucho más agradable.

Estudiar sería un fenómeno casi automático con la máquina de aprender; en la barbería robotizada apenas se emplearían unos minutos para lograr un buen afeitado.

Existirían máquinas para recibir el desayuno, acicalarse y realizar todas las tareas domésticas... Pero, curiosamente, a nadie se le ocurrió imaginar un cambio en la forma de vestir.

A un paso de la aldea global

Una vez más, el aire y el agua aparecen como objetos de deseo.

En 1899 se botaron los primeros submarinos seguros que suponían un avance sobre los tímidos intentos previos, como el de Peral.

La noticia excitó el ingenio de algunos dibujantes, como se aprecia en algunas ilustraciones aquí mostradas.

Las fórmulas de aeronavegación individual seguían haciendo furor, aunque carecían de un sólido sustento tecnocientífico.

Todos los Derechos Reservados, Quid, Comunidad Virtual. Cuernavaca, Morelos, México. 2001.