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"Dentro de aquella caja iba el infierno personal que instalaría en mi casa para destruir, para anular al otro, el descomunal infierno de los hombres." Juan José Arreola, "La Migala" |
La muerte del monstruo
En cuanto el inmenso coloso (Kumbhakarma) hubo pasado el umbral de la ciudad, exhaló un horrible clamor que hizo resonar entero al océano. Luego, bajándose del carro, teniendo levantada la lanza emprendió rápidamente el vuelo en medio de los aires, semejante a una montaña alada.
Paseábase en medio de los ejércitos de monos, y agarrando a todos los simios entre los brazos los devoraba en su furor, como come las serpientes el demonio Garouda.
Rama, entonces se precipita y toma su arco, aquella perla de los arcos, y hunde flechas invencibles en el corazón de Kumbhakarma. De la boca del coloso enfurecido salió una mezcla de llamas y humo negro. En su turbación, su terrible lanza se le cayó de la mano; y cuando vio su brazo desarmado, el gigante se puso a hacer una gran carnicería, a puntapiés y a puñetazos, devorando a todos sin distinción, cuadrumanos o Rahshasas.
Entonces Rama lanzó al noctívago la gran flecha del viento y le arrancó un brazo que cayó en medio de los ejércitos de cuadrumanos y golpeó con sus convulsiones los batallones de monos. El gigante desarraiga una encina y se arroja con este árbol sobre su adversario. Pero un dardo semejante al relámpago y al trueno, le cortó el otro brazo.
Aunque estuviera sin brazos, el gigante se venía con la misma furia. Al ver esto, Rama tomó dos flechas de hierro en forma de media luna y le cortó los dos pies. Entonces, abriendo una inmensa boca y vociferando, con los brazos cortados y las piernas mutiladas, el demonio avanzó todavía impetuosamente... Y Rama, en seguida le llenó las fauces con flechas de agudas puntas. El monstruo, con la boca llena de flechas; no dejó ya oír sino raros e inarticulados sonidos.
Rama eligió otro dardo celestial, que los dioses, y hasta el mismo Indra (el dios supremo), veneraban como el segundo cetro de la Muerte. De pronto el dardo cortó a Kumbhakarma la cabeza, semejante a la cima de una montaña. El demonio profirió un espantoso grito y cayó muerto. Su gran cuerpo aplastó dos millares de monos, y la caída del gigante sobre la tierra hizo temblar todas las fortificaciones y los pórticos dela ciudad de Lanka; hasta el inmenso mar se agitó.
Extracto del "Ramayana"
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